Por todos es conocido que en la mayoría de países, existe una edad mínima para poder adquirir y consumir bebidas alcohólicas. Algo muy lógico por otro lado.  Pues bien, para  poder «detectar»  a estas personas que no alcanzan estos requisitos mínimos, también contamos con una gran herramienta, la nariz de los perros.

La adiestradora noruega de perros Torun Thomassen, en el 2013, entrenó a una perra llamada Tutta  para detectarlos. Su trabajo se basó en un principio muy sencillo: «los nervios y el miedo». Cuando una persona menor de edad quiere comprar bebidas alcohólicas, debe presentar un documento que justifique que tiene la edad mínima para adquirirlas. Cuando no se alcanza esa edad, los jóvenes suelen hacer uso de documentos falsificados o de otras personas que si reúnen los requisitos. Al tratarse de un delito en la mayor parte de los países, esta situación hace que aparezcan los nervios lógicos y el miedo.

Torun Thomassen y su perra tutta. Fotografía publicada en: https://www.dagsavisen.no/

Ante estas personas, la perra Tutta, se sentaba delante de ellos y permanecía inmóvil. En ese momento recibían un folleto informándoles de las consecuencias del empleo de documentación falsa o falsificada, con la intención de que desistieran y no volvieran a intentarlo.

Cuando alguien intenta cometer un acto ilegal, el cerebro y las glándulas suprarrenales comienzan a funcionar para afrontar la situación de estrés, segregando cortisona al torrente sanguíneo que después pasará a la piel  y se concentrará en las zonas donde más se deposita el sudor.

Curioso, ¿Verdad?

Tutta y su guía «olfateando» la parte trasera de las rodillas.  Fotografía publicada en: https://www.gd.no/

Autor: Jaime Alonso Borde

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