Muchas son las veces en las que haciendo detección con el perro hemos oído que ha encontrado la fuente de olor porque nosotros conocíamos previamente dónde se encontraba… Pero, ¿se ajusta esto a la realidad? , ¿es capaz el perro de leer los gestos que nosotros de manera involuntaria le transmitimos?. Pues aunque parezca mentira, así es. Vamos a intentar explicarlo.

A principios del siglo XX, se creía que un caballo llamado Clever Hans era capaz de, entre otras cosas, contar.  ¡Un caballo que contaba!. Más tarde, el psicólogo Oskar Pfungst, demostró que lo que realmente hacia el caballo era fijarse en los gestos (involuntarios o no) y señales, que su cuidador y la gente que se encontraba alrededor hacían.  Esto se conoce como el efecto «Clever Hans»,  ampliamente reconocido.

Con los perros pasa algo parecido. Se ha demostrado y documentado ampliamente que estos interactúan y responden a las señales involuntarias que sus guias y dueños realizan. Hasta el punto de influir en sus reacciones y respuestas.

Los perros detectores, no son diferentes al resto. Estan entrenados a detectar un olor determinado y a realizar una alerta o señalización determinada. Son capaces de reaccionar ante las señales que puedan realizar sus guías, como mirar hacia un determinado lugar, la posición del cuerpo, el contacto visual y la direccion de la mirada entre otros gestos.

Un estudio realizado por Lisa Lit, Julie B. Schweitzer, y Anita M. Oberbauer, de la Universidad de California en Davis, Sacramento (Handler beliefs affect scent detection dog outcomes) publicado el 12 de enero de 2011,  demuestra cómo el conocimiento por parte de los guias del lugar en el que se encontraban las supuestas sustancias, condicionaban el resultado de sus perros y hacían que marcaran en los lugares donde supuestamente sabían que se encintraba a sustancia. Se trabajó con equipos de detección de drogas y explosivos, y se informó a los guías de la colocación de unas señales en el lugar donde supuestamente se habían colocado estas sustancias.

El resultado teórico fué que los guías salíeron contentos porque sus perros habían marcado correctamente. En cambio, la realidad fué bien distinta. Ninguna de esas alertas fueron correctas. No existían fuentes reales de olor de explosivos ni drogas, pero la creencias de los guias de esa supuesta ubicación, hicieron que sus perros las señalaran.

Muchas veces hemos oído de la existencia de guias que trabajan con gafas de sol, para no facilitar a sus perros ningun tipo de información involuntaria. Pero esa información no solamente se la podemos facilitar mediante los ojos, ya hemos comentado que también mediante gestos y posturas corporales. Por eso, para evitar este tipo de errores involuntarios, es conveniente la realizacion de ejercicios ayudados por un compañero que esconda la fuente de olor(los denominados «Doble ciego»), en los que ni guia ni perro conocen la colocación real de la fuente de olor y no es posible seguir por parte del perro nuestra huella olorosa.

Autor: Jaime Alonso Borde

 

 

 

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